UN
SABIO MENSAJE
Hola, queridos lectores. Reciban un abrazo de agradecimiento por
encontrarnos todos los viernes a través del periódico más leído de
Barquisimeto: EL MÍO. Les recuerdo que los planteamientos de casos pueden
hacerlo a través del correo: terapiafloralbach988@gmail.com y con gusto les daré
respuestas. Hoy es viernes de abundancia y prosperidad por lo que bendigo todo
lo bueno, bello y útil que hay en sus vidas.
Hubo una vez un
rey que dijo a los sabios de la corte: “Me estoy fabricando un precioso anillo.
He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto
dentro del anillo, algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de
desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis
herederos, para siempre”.
Tiene que ser un
mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo. Todos
quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes
tratados, pero, darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le
pudieran ayudar en momentos de desesperación total... pensaron, buscaron en sus
libros, pero no podían encontrar nada.
El rey tenía un
anciano sirviente que también había sido
sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de
él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia. el rey sentía un inmenso
respeto por el anciano, de modo que también lo consultó. y éste le dijo:
-no soy un
sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje. Durante mi
larga vida en el palacio, me he
encontrado con todo tipo de gente y en una ocasión me encontré con un místico.
Era invitado de
tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de
agradecimiento, me dio este mensaje: el anciano lo escribió en un diminuto
papel, lo dobló y se lo dio al rey. Pero no lo leas, le dijo, mantenlo
escondido en el anillo. Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando
no encuentres salida a la situación. Ese momento no tardó en llegar. El país
fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar
la vida y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran
numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida:
enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y
no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el
trotar de los caballos. no podía seguir
hacia delante y no había ningún otro camino... de repente, se acordó del
anillo. lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje
tremendamente valioso: simplemente decía "esto también pasará".
Mientras leía "esto también pasará" sintió que se cernía sobre
él un gran silencio. los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en
el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a
poco dejó de escuchar el trote de los caballos. El rey se sentía profundamente
agradecido al sirviente y al místico desconocido. Aquellas palabras habían resultado
milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus
ejércitos y reconquistó el reino. y el día que entraba de nuevo victorioso en
la capital hubo una gran celebración con música, bailes... y él se sentía muy
orgulloso de sí mismo. El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo: este
momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje. ¿Qué quieres decir?
preguntó el rey, ahora estoy victorioso,
la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una
situación sin salida. Escucha, dijo el anciano,
este mensaje no es sólo para
situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras, no es
sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso,
no es sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero.
Espero te haya
gustado y sea útil. Mientras me escribes, hasta el próximo viernes
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