Una caricia en el alma: El ladrillazo


 


Hola, queridos lectores. Reciban un abrazo de agradecimiento por encontrarnos todos los viernes a través del periódico más leído de Barquisimeto: EL MÍO. Les recuerdo que los planteamientos de casos pueden hacerlo a través del correo: terapiafloralbach988@gmail.com y con gusto les daré respuestas. Hoy es viernes de abundancia y prosperidad por lo que bendigo todo lo bueno, bello y útil que hay en sus vidas.


Un joven y exitoso ejecutivo paseaba a toda velocidad en su auto Jaguar último modelo, con precaución de no toparse con un chico que estaba cruzando la calle sin mirar, y al bajar la velocidad; sintió un estruendoso golpe en la puerta y al bajarse vio que un ladrillo le había estropeado la pintura, carrocería y vidrio de la puerta de su lujoso auto.


Clavó los frenos, dio un brusco giro de 180 grados; y regresó a toda velocidad de  donde vio salir el ladrillo que acababa de desgraciar lo hermoso que lucía su exótico auto. Salió del auto de un brinco y agarró por los brazos a un chiquillo, y empujándolo hacia un auto estacionado; le gritó a toda voz:


-Qué rayos fue eso? ¿Quién eres tú? ¿Qué crees que haces con mi auto? Y enfurecido casi echando humo, continuó gritándole al chiquillo:


- Es un auto nuevo, y ese ladrillo que lanzaste va a costarte caro!!! ¿Por qué hiciste eso?


-Por favor, Señor, por favor. Lo siento mucho!!!, no sé qué hacer, suplicó el chiquillo. Le tiré el ladrillo porque nadie se detenía. Lágrimas bajaban por sus mejillas hasta el suelo, mientras señalaba hacia el otro lado del auto estacionado.


- Es mi hermano, le dijo. Se descarriló su silla de ruedas y se cayó al suelo y no puedo levantarlo. Sollozando, el chiquillo le preguntó al ejecutivo:


- Puede usted, por favor; ayudarme a sentarlo en su silla?. Está golpeado, y pesa mucho para mí solito. Soy pequeño.


Visiblemente impactado por las palabras del chiquillo, el ejecutivo tragó el nudo que se le formó en su garganta. Indescriptiblemente emocionado por lo que acababa de pasarle, levantó al joven del suelo y lo sentó en su silla nuevamente sacando su pañuelo de seda para limpiar un poco las cortaduras y el sucio de las heridas del hermano de aquel chiquillo especial.


Luego de verificar que se encontraba bien, miró; y el chiquillo le dio las gracias con una sonrisa imposible de describir nadie.  Dios lo bendiga, señor...y muchas gracias, le dijo. 


- El hombre vio cómo se alejaba el chiquillo empujando trabajosamente la pesada silla de ruedas de su hermano, hasta llegar a su humilde casita.


El ejecutivo no ha reparado aún la puerta del auto, manteniendo la hendidura que le hizo el ladrillazo; para recordarle el no ir por la vida tan de prisa que alguien tenga que lanzarle un ladrillo para que preste atención. Dios nos susurra en el alma y en el corazón. Hay veces que tiene que lanzarnos un ladrillo a ver si le prestamos atención.


Es tu elección, de ti depende, Escucha el susurro... o el ladrillazo.


Espero les haya gustado y sea de utilidad para sus vidas, mientras me escriben al correo o al 0424-5122058 me despido hasta el próximo viernes no si antes recordarles: “PIENSA SÓLO LO QUE TÚ QUIERES QUE OCURRA”


 

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